Dulcería Benítez: 80 años de lealtad y tradición

Dulcería Benítez: 80 años de lealtad y tradición

  • Martes, 4 Agosto, 2020 - 08:00
  • Verónica Martín León
  • Reportaje
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Cuando Juan Carlos Benítez falleció hace 3 años, gran parte de su pueblo natal, Teror, acudió a despedirlo al Tanatorio. Su apellido está vinculado a la historia del pueblo desde el año 1940, año en el que sus padres abrieron un negocio que estaba destinado a hacer historia: Dulcería Benítez.

Teror y la Dulcería Benítez son partes de una fructífera simbiosis que dura ya 8 décadas. Si preguntas a alguien del municipio por el negocio “variedad, calidad y son los de toda la vida” es el resumen de los comentarios generales. Orgullosos de unos dulces casi tan famosos como el chorizo, todos se benefician de este mutuo respeto y cariño entre el pueblo y esta empresa familiar.

80 años después, hablando con el nuevo responsable del negocio, Abián Benítez, de 29 años, me doy cuenta de hasta qué punto la dulcería se ha construído sobre un legado familiar no solo laboral, sino emocional.

Abián creció en la pastelería viendo a sus padres y abuelos trabajando en el negocio, hablando con los empleados, comiendo los dulces. Desde que era muy pequeño comprendió el sudor y el esfuerzo que eran necesarios para mantener la empresa. Ilusionado por esta oportunidad que le ha ofrecido su familia y honrado por ello, tiene ya planes para seguir el legado con la misma calidad. Acercarse a los clientes más jóvenes es uno de sus retos, brindándoles la oferta de una tradición sólida, de unas recetas hechas artesanalmente con buenos productos. Tecnología, publicidad y redes sociales son los pilares de la modernización, de la nueva etapa en la dulcería, pero las recetas serán las de siempre. Creaciones que no pasan de moda, como la trucha de batata, el petisú o el pastel de carne en Navidad. Casi todas ellas son del antiguo recetario de la abuela de Abián.

En la tarea no está solo, el hijo del antiguo pastelero de la dulcería es el nuevo pastelero, llamado Rabí y Luisa, que  lleva toda su vida en la empresa familiar, de hecho vio nacer a Abián, estarán en este nuevo período. Además, les acompañan Rafael, que es un empleado nuevo y Teresa Santana, su madre y antigua propietaria, que ahora será empleada también.

No solo los vecinos conocen y compran sus dulces, mucha gente de fuera viaja hasta la dulcería para adquirir sus productos. De paso, hacen turismo o toman un café en el pueblo.

Con el reconocimiento de la marca y la calidad de su oferta pastelera, Abián mira con muchas ganas el futuro de la herencia que tiene entre manos. 80 años de lealtad y tradición le avalan en este sueño.

 

 

 

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