¿UN REFRESQUITO?

¿UN REFRESQUITO?

  • Miércoles, 20 Octubre, 2021 - 08:00
  • Vicky Fernández Rosales - Lic. Biología
  • Opinión
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Nos tenemos que remontar a finales del siglo XVIII, cuando el fisicoquímico inglés Joseph Priestley hizo pasar dióxido de carbono por agua obteniendo así la primera agua de soda.

A partir de ese entonces en Europa se comienza a producir esta bebida que posteriormente se comercializaría en Estados Unidos, ya saborizadas.

Una bebida carbonatada, denominada también gaseosa, refresco, fresco o soda, (dependiendo del país), es una bebida no alcohólica o que solo contiene alcohol en pequeñas cantidades, hecha con agua carbonatada (Disolución de dióxido de carbono, en agua potable) edulcorada o no con edulcorantes naturales como fructosa o sacarosa, o sintéticos como el ciclamato, sacarina, jugos de frutas, sustancias aromáticas y otros aditivos químicos legalmente permitidos como acidulantes, colorantes, antioxidantes, estabilizadores de acidez y conservadores.

Estas bebidas suelen consumirse frías, para ser más refrescantes. Se comercializan diversos sabores de refrescos, entre ellos cola, naranja, lima limón, uva, cereza, fresa, entre muchos otros.

Actualmente, este tipo de bebidas son productos que tienen un alto consumo en todo el mundo y también gran controversia en cuanto a lo beneficiosas que pueden ser o no para nuestra salud. Las hay de baja calorías, con o sin cafeína. Pero, ¿son saludables?

El consumo excesivo de gaseosas endulzadas con azúcar se asocia con obesidad, hipertensión, diabetes tipo II, caries dentales, desnutrición y cálculos renales.

Sin embargo, el consumo de estas bebidas es cada vez más alto y puede ser debido en parte a las cualidades organolépticas que poseen, así el gas carbónico siendo incoloro y de suave olor picante, tiene un sabor ligeramente acido, debido a que una pequeña cantidad de él (1%) aparece en forma de ácido carbónico que es un ácido 5 veces más débil que el acético.

El ácido carbónico le confiere a la bebida propiedades estimulantes, refrescantes, además de contribuir a su conservación. Esta sensación picante que producen estas bebidas al contacto con la lengua es la responsable de su alta popularidad.

La tendencia actual es la de buscar y consumir productos más naturales y que a su vez contribuyan a sobrellevar regímenes alimentarios estrictos, por ello se han creado una amplia gama de productos de “bajas calorías” algunos a expensas de edulcorantes artificiales como la sacarina o el aspartamo. En esta línea encontramos a los refrescos Light o cero calorías.

Los edulcorantes artificiales son productos químicos sintéticos que a pesar de no tener relación alguna con el azúcar tienen sabor dulce y se utilizan para engañar al paladar.

Cada vez se consume menos azúcar, mientras que se incrementa el consumo de edulcorantes clasificados como no calóricos. Tal es el caso de la sacarina (E954), el aspartamo (E951), la stevia (E960), etc. Sin embargo, se hace más intensa la polémica sobre la seguridad de consumir estas sustancias.

La sacarina ya se relacionaba en los años 70 con la posibilidad carcinógena de la misma, algunos estudios determinaron la incidencia de tumores inclusive con dosis purificada de esta. A pesar de ello, se restableció su uso comercial como edulcorante en bebidas y alimentos y es ingrediente autorizado en algunas tabletas, gelatinas, etc.

El aspartamo, entra dentro de la categoría de edulcorante nutritivo y no artificial. Por su carácter de dipéptido es metabolizado por el organismo siguiendo la vía metabólica de las proteínas y aminoácidos. Podría considerarse tóxico en niveles difíciles de alcanzar con su consumo en altas dosis. Su uso es seguro en alimentos secos y bebidas gaseosas.

Algunos estudios indican que los refrescos con edulcorantes artificiales son beneficiosos para la pérdida de peso, siempre y cuando se esté siguiendo una dieta equilibrada, un estilo de vida saludable y en cantidades diarias máximas autorizadas. Este hecho sin embargo parece tener más que ver con la reducción del consumo de bebidas azucaradas que por el efecto que puede tener el edulcorante artificial en sí.

Al tiempo que se consume una bebida edulcorada no se está consumiendo de azucarada, por lo tanto la recomendación puede ir mas dirigida a la sustitución de los mismos. Es decir, no hay evidencia suficiente para indicar que los edulcorantes artificiales son los encargados de disminuir la ingesta energética, bajar el peso corporal y reducir el riesgo metabólico.

Otros estudios apuntan también a los efectos adversos de estos edulcorantes, como la intolerancia a la glucosa y el síndrome metabólico (hipertensión arterial, nivel alto de triglicéridos y de colesterol LDL, etc.). Principalmente afirman que esos provocan cambios en la composición y función de la microbiota intestinal (población bacteriana intestinal), aumentando en consecuencia la probabilidad de desarrollar alteraciones metabólicas.

El hecho de tomar algo sin azúcar, light o cero, interfiere en nuestra percepción en la elección de opción saludable. Hace que se tome en más cantidad estos productos edulcorados artificialmente y la creencia de poder tomar otro producto más calórico en compensación.

El uso moderado de la cantidad de edulcorantes artificiales sea en alimentos y/o bebidas gaseosas o no, será clave en la prevención de los riesgos asociados a los mismos.

…a la pregunta ¿UN REFRESQUITO? ¡Sí! Siempre y cuando se sirva bien frío para el equilibrio gaseoso y gusto en el paladar, teniendo en cuenta una dieta equilibrada, un estilo de vida saludable y sin pasarse de las cantidades diarias recomendadas…

 

 

 

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