Una copa para dos (1ª parte)

Una copa para dos (1ª parte)

  • Miércoles, 2 Septiembre, 2020 - 08:00
  • Rasa Strankauskaite
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Esto es la historia de una enamorada del vino que la llamaban loca. Soñaba despierta, y eso a muchos, les parece una locura, a otros una filosofía de vivir. No es una historia de amor entre dos almas, porque el amor verdadero es algo que se construye. Elegido un formato de encuentros entre vinos que merecen ser contados y bebidos. Es una recopilación de 19 vinos que serán descritos por la protagonista, una sumiller que amaba su trabajo por encima de lo permitido.

Sara vivía despeinada, caótica y un poco rebelde, quizás porque muchas cosas en la vida le fueron negadas o quizás en su vida le faltaba el amor terrenal y no se daba cuenta pero era adicta a su trabajo. A veces soñaba con alguien que entienda su caos, deseaba encontrar una ternura profunda, alguien que tenga tanta necesidad de 33 besos diferentes y 7 kilos de abrazos antes de dormir como ella. Simplemente era una mujer cabezota y optimista, tenía claro que algún día llegaría caballero que la entienda, el valiente que descubra el caos y se queda dejando la piel por ella.

El día menos esperado, apareció Miguel con su mirada tan intensa, imposible de esquivar. No hubo falta ni palabras, con una mirada y una copa para dos ella sintió la magia y se dejó llevar.

Al cogerse de la mano descubrió que era una conexión de dos almas perdidas, de otras vidas vividas pero a la vez presentía un sentimiento sobre cuál les contaré más adelante. Él era un tipo de negocios, con una vida saturada de cenas y el teléfono sin soltar de la mano. Tenía una vida planificada, con muchos puertos cruzados y por cruzar, todos asuntos bien atados según su agenda, con planes y un montón de locuras que deseaba vivir y muchas de esas locuras sin ella.

La sumiller quería compartir bonitos momentos con él y presumir de su amor, sobre todo deseaba sentir el momento del cielo estrellado, de jugar el ajedrez con las estrellas y la luna mágica.

Para conseguir eso buscó un vino para ese instante íntimo, el que deja sin respiración, por los cuales se mide la vida.

Sara sin miramientos solicitó un día libre del todo, sin el nudo de su corbata, con el teléfono totalmente apagado. Solamente le dio la promesa de ver las estrellas y beber un vino de lujuria. Ella conocía que le gustaban los vinos seguros, los que nunca fallan pero a veces son muy poco orgásmicos. Eligió uno que elaboran sus amigos Loreto y Gabriel en la bodega ubicada en la casa familiar sin utilizar la maquinaria, totalmente sostenible. De una pareja luchadora con la bodega llamada "Vinos en Tándem", el primer vino comercializado de este proyecto familiar, un tinto llamado.

Tierra Fundida 1/1 de la añada 2017 Fresco como él y complejo como ella. Con toda la seguridad sabía que le encantará de pleno, aromático lo justo, para nada lineal, cambiante como una montaña rusa, de un textura eléctrica jugosidad, con muchos escalofríos en la boca, pero los que nunca cansan.

Al verle lo primero aviso que no van a tomar un sushi con sake, ni se volverán locos con champán y ostras, tampoco esta vez iban a jugar con fresas con chocolate. Nos espera una aventura llena de maresía y volcán, de piel salada y un vino picante, con humo, flores y ciruelas maduras, más bien la parte más sabrosa de la ciruela, cerca del hueso.

En Tenerife el azul del cielo dormita, las arenas negras de volcanes apagados y la maresía te hace soñar, su intenso color verde calma, pruebas un vino como este lleno de paisaje, es fácil sentir la afortunada tierra de los vinos.
 
 
 
Una copa para dos (1ª parte)
 

La loca del vino, a los viajeros de paso, contaba qué son los vinos tremendamente divertidos, personales. Sin complejos, de una gran reserva de vinos con personalidad. La ausencia de la filoxera ha permitido conservar más de 80 variedades de uvas y las 14 de ellas son endémicas, inexistentes en otras tierras. Eso entre otros datos permite nombrar estos vinos afortunados. Es el último reducto de ciertas variedades tradicionales. Una apasionante historia de idas y venidas, de muchas influencias de distintas culturas por estar ubicada en el cruce de tantos caminos. Así existe tanta riqueza de las variedades, de distintos sistemas de cultivo y de elaboración. Ya sentados descalzos con una cesta de picnic, preparados para jugar con las estrellas solamente le recordó él que oba a tomar un vino de una tremenda fusión de culturas, no le quiso cansar con más datos de la historia porque esa noche solamente pretendía soñar. Perderse con una copa de vino donde se perciben montes, llanuras, calderas, bosques, mar embravecido, vientos, spray marino y unas manos curtidas que hacen el vino con un solo enchufe en la bodega. Con un solo sorbo te puedes dar cuenta que es un vino cálido que refleja el clima y a la vez esa frescura del suelo volcánico, un vino de la finca de micro parcelas, por ello un poco caótico pero muy sabroso.

Las cepas con raíces plantadas directamente en la tierra buscando nutrientes en los suelos jóvenes volcánicos, con la mineralidad a flor. ¿Notas esas cosquillas de la mineralidad? ¿Y las tres variedades de uva? Este vino nace de las viñas rodeadas de acariciadas de los vientos alisios y el mar de nubes, la variedad Castellana Negra procede de la finca Los Marqueses de suelo franco arcillosos pedregoso a unos 460 metros de altitud, la variedad Negramoll procede de la finca Fray Diego de suelo arcilloso y el Verdello procede de la finca Cercado del Pino de suelo andosoles a unos 620 m de altitud. Si visitas el viñedo por primera vez en Tenerife puedes sentir el vértigo, no tanto por la altura como por la aventura. Unos paisajes con bancales levantados hace siglos piedra a piedra para proteger las viñas que comparten la tierra con papas y otros vegetales en lugares imposibles, es la zona de los vinos de producción limitada. Los vinos honestos como este son salinos como el aliento húmedo del Atlántico y a la vez picantes, especiados recordando de donde nacen.

Solamente debes cerrar los ojos y con cada sorbo soñar, mirar las estrellas, ellas iluminan tus pasos a seguir, déjate inspirar. En la copa brilla con su luz propia un rojo cereza oscuro, hipnotiza con unas lágrimas luminosas de la felicidad, enamora con cada giro de la copa sus aromas sutiles a frutas maduras, notas de lavanda y violetas, hojas de tomillo, jengibre fresco en los labios. Eran gotas de un placer de trago jugoso, sin timidez envolvía las papilas con la fuerza cautivadora una rica acidez, con un vértigo de minerales y un halo misterioso de humo de una tierra negra... la misma que tenían bajo sus pies. Sabroso como la parte del hueso de unas ciruelas negras muy maduras.

También era un sorbo romántico, aquel que sugiere la forma más dulce de callar la boca robando un beso. Antes de terminar la botella el que era tan poco romántico y con tan pocas palabras para el vino, susurro al oído:

"Este vino no es caótico, es un vino de una soberbia acidez y taninos pulidos, elegiste una buena textura jugosa que se encarga de seducir, hace salivar y buscar a tus labios. Esto eres tú: cada trago te dice que quieres más. No puedes dejar de beber. A mí me huele a ese aroma sensual, femenino y me sabe a ti, a tus tacones de aguja"

( Continuará… )
 
 
Una copa para dos (1ª parte)

 

 

 

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