“Priorato es magia”

“Priorato es magia”

  • Domingo, 5 Abril, 2020 - 08:00
  • Rasa Strankauskaite
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Dicen que si te enamoras de un lugar, el se queda contigo, dentro de ti. Me enamoré del Priorato antes de pisar descalza su tierra. Fue a través de sus vinos, en la época que trabajaba de sumiller con el grande de gastronomía Felo Botello vendiendo cajas y cajas en Gran Canaria. Qué años aquellos. Después de algunos más ya en Tenerife conocí a Álvaro Palacios. Nunca olvidaré el día y la energía deslumbrante del bodeguero que se convirtió en el mayor productor de la región. Era el día 9 de diciembre del 2009 cuando asistimos a una presentación y la cata de Álvaro Palacios donde nos reveló los rastros místicos del pasado. Era imposible no enamorarse de su valor y la intuición, de tanta terquedad embotellada en conseguir lo que se sueña.

Después de esta cata sus vinos se convirtieron en el símbolo de arte y atrevimiento. El paso ser un pequeño gran hombre que intuye, el que hace caso a su voz interior, el que va por la vida sin vértigo, sin miedo. Un genio que eligió las viñas viejas de origen monástico que sufren al límite. ¿Locura o genio? Se traslada sin dinero a los terrenos difíciles en busca de su sueño pero guiado por grandes amigos como el filósofo René Barbier. “René fue el que trajo la bomba, pero el que puso el detonador fue Álvaro”. Aquel día me quedó claro que él sabía cómo hacer ruido, sabía contagiar la pasión y provocar las ventas como nadie. Esa pasión era desbordante.

Habían descubierto el camino y fueron desde principio a por los vinos únicos, de poca cantidad pero de prestigio. Un “torero” garnachero que daba saltos al poner imágenes de sus viñas.  Aquel día presumió tanto de los suelos de pizarra, de su pequeño paraíso con una energía especial que incluso el más pesimista se hubiera apuntado a este proyecto.

Al llegar al paraje fue una sensación indescriptible,  al pisar descalza la tierra de La Ermita sentí la conexión descrita por Álvaro hace años, sentí los escalofríos de la misma sensación cuando miras a ojos un rato y sabes que hay magia. Hace mucho conocía sus vinos del embrujo mineral, excepcionales por su estructura, graduación y fuerza pero al visitar entiendes el porqué de tantas cosas.

Las viñas del Priorato formaban parte del antiguo viñedo tarraconense, citado por Plinio el Viejo, los romanos tenían el instinto de presa que se necesita para construir un imperio, explotando los recursos naturales de sus provincias. Plantaron viñas, sacaron el plomo y la plata de la zona. Llegaron los monjes con ellos el vino se convirtió en el medio de vida. No me extraña que los monjes provenzales eligieran este lugar para su residencia. La primera cartuja de la Península Ibérica fue la de Escaladei, fundada en 1163 que ha proporcionado pastos, hierbas medicinales, aguas saludables y buenos vinos. Los monjes tenían conocimientos, las técnicas de elaboración del vino y mucho sentido estético. Creo que la belleza del lugar se debe a ellos, el conocimiento también. La tradición vitivinícola se ha mantenido a lo largo de las generaciones, con la viña y el vino como medio de vida gracias a ellos. Un lugar bendecido con condiciones especiales para una maduración lenta de las uvas, con elevados niveles de azúcar y una alta acidez. Un lugar que hace de viña el único cultivo, definiendo una cultura y un modo de vida para sobrevivir.

Unas colinas formadas por costers y terrazas con suelos de “llicorella”, de pizarras formadas hace más de 300 millones de años, piedras laminares y quebradizas entre cuales penetran las raíces de las cepas en la búsqueda de humedad y nutrientes. La pizarra da calidez y a la vez verticalidad, da vinos de radiante pureza. Dicen que la zona se ha mantenido  gracias a la miseria, a la pobreza pero también gracias a sus ángeles de la guarda como René Barbier, Álvaro Palacios. Quizás son los ángeles que subieron la escalera y juntos entre otros hombres hicieron el trabajo de situar los vinos del Priorat con los más legendarios. Los visionarios que apostaron a pulir el diamante en una comarca perdida, cerca y lejos del mar, eligieron los caminos inaccesibles, apostaron por calidad cultivada en ecológico. Todo encajó cuando muchos viticultores, al que antes los mayoristas le pagaban la uva a 20 céntimos el kilo, comenzaron a cobrarla a cuatro euros si la cultivaba de forma ecológica. Era una apuesta que salió bien, llego un reconocimiento internacional de su obsesión por la calidad. Una de las más pequeñas regiones vinícolas de España, con 2.010 hectáreas con mucha historia que tuvo gran abandono tras la filoxera. Llegó un gran renacimiento en finales de los años 80 con la llegada de Álvaro y compañía. Los bodegueros empezaron a subir y ser los primeros en muchas cosas. El camino era elaborar vinos de alta calidad y precio elevado, así aseguraron el mantenimiento del cultivo. La denominación de origen consiguió el estatus de DOQ Priorat en el año 2000 y fue la primera región en introducir la figura de vinos de municipio en España en la cosecha 2007.

“Priorato es magia”
 

Ya han conseguido la nueva clasificación más terruñista con mentalidad borgoñona “Los Nombres De La Tierra”. Los 459 parajes con identidad se han establecido en la zona para poder llamar al vino por su lugar de origen. Los vinos con DOQ que se pueden elaborar con uvas de la zona ocupan la base de la pirámide; siguen los vinos de municipio (Vi de villa), después los vinos de paraje (Vi de paratge) y sigue vinya classificada (premier cru) y gran vinya classificada (el máximo reconocimiento de grand cru).

Hoy es una denominación de prestigio con suelos clasificados con fichas que permite ampliar el conocimiento de los terruños del Priorat. Tiene un componente esencial la llicorella, que en sus variantes puede llegar a determinar las características de la vid y la uva que se obtiene. Me supo de maravilla conocer el estudio que clasifica suelos de DOQ, la edad de formación, los tipos de roca, las localizaciones, las características de cada una; el mundo descifrado de pizarra devónica, filita moteada, pizarra carbonífero, gres carbonífero, cuarcita, corneana, granodiorita, pórfido, brecha, pudínga, calcárea paleozoica, calcárea, gres rojo, gres, arenas y arcillas, aluvión.

Desde aquel verano con Marta Rovira, la propietaria de bodega MAS D'EN GIL que enseñó varias parcelas incluso algunas que dan paso al bosque supe que el camino es apostar. Es saber elegir, es comprometerse al 100%. Entre amigos ella nos enseñó la bodega en Bellmunt, el dormitorio de las botellas embotelladas, según cada estilo en distintas fases lunares. Allí descubrimos fudres de distintas maderas dedicados a los amigos del vino. Nos llevó a un lugar para explicar que se trata de un Coliseo metido entre montañas con vientos que refrescan las viñas. Presumió de 125 hectáreas en preciosas laderas y terrazas enmarcadas entre el Montsant y Sierra de Llaberia. Nos hizo sentir una brisa procedente del mar llamada Garbinada, la que proporciona humedad y frescura en los días más calurosos permitiendo unas maduraciones óptimas que dan a los vinos elegancia y frescura, los vinos con arte de envejecer. Así se entiende también porque garnacha es la variedad mediterránea pero necesita airearse, necesita un momento exacto de la vendimia porque enseguida sale más alcohol. Es la variedad sensible en el campo, pide estar encima de ella en el campo. Es la más plantada del mundo pero aquí sabe al terruño, sabe a las piedras en donde está plantada, sale más al suelo que a la variedad. Garnacha aquí se deja seducir por el suelo. Tiene ese carácter, da cuerpo, suave dulzor y aroma pero tiene un problema con la flor, si llueve en floración o hay un poco de humedad genera un corrimiento en el cuajo y puedes quedarte sin cosecha. Por esa razón después de la filoxera en la zona la gente que vivía de la uva plantó más cariñena donde habido antes garnacha. Cariñena es puro placer, en la zona llamada Samso de vinos excepcionales  pero requiere tiempo. Con manos pacientes de vinos con más nervio y virilidad, aguanta mejor el clima de este coliseo y es más adaptada para el envejecimiento. Probamos un cariñena de viña centenaria plantada 1902 con raíces de 18 metros, donde se necesita cuatro cepas para una botella. ¿Se imaginan la textura del vino? era de una textura inolvidable, más allá de la vida, quizá menos fluida que la de garnacha pero muy profunda y fascinante como ninguna. A tragos pequeños emociona, hace soñar y despierta tremendas ganas de vivir. Un gran vino sabe al lugar donde nació. Siempre.

Sueño con volver sentir descalza esa pizarra que mantiene el calor de noche en esta región de los rendimientos por hectárea más bajos debido a la composición de sus tierras, lluvias escasas. Es una comarca despoblada, montañosa y de romántica belleza, formada por preciosos pueblos medievales y viejos viñedos de difícil laboreo. De clima salvaje, la vida dura, la viña pobre pero con vinos extraordinarios y de gente hospitalaria. Sueño con beber a una cariñena más fogosa a más edad con una agradable conversación de un valiente que apuesta por algo y va a muerte. Priorato es un ejemplo, una tierra de colinas donde las dificultades hacen conseguir grandes cosas.

“Priorato es magia”

 

 

 

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